No todos los gays son inclusivos: la Gordofobia

¿Quién ha dicho que dentro de la Comunidad LGBT+ todo es maravilloso y lleno de felicidad? Se equivocan, en muchas ocasiones la exclusión y discriminación ocurre desde dentro.

¿Quién ha dicho que dentro de la Comunidad LGBT+ todo es maravilloso y lleno de felicidad? Se equivocan, en muchas ocasiones la exclusión y discriminación ocurre desde dentro. En la mayoría de los casos es porque no se cumple con un estatus socioeconómico o con los estándares de belleza que muchos consideran deberían cumplir los homosexuales.

¿Y qué pasa cuando no cumples con esos elevados estándares? Ya lo señaló Rubén Serrano para Play Ground:

“Si no cumples con unos cánones normativos ni con unos estereotipos de delgadez, cuerpo de gimnasio y belleza sexualizada de anuncio, terminas quemado en la hoguera de la indiferencia”.

En mi caso, no viví directamente este tipo de discriminación, puesto que no soy de los que buscan el amor en aplicaciones o encuentro de ligue. No asisto mucho a bares, por lo que tampoco ahí. Aunque durante mi años de estudiante fue algo diferente, ahí fue donde tuve que aprender a defenderme. A ser valiente y aceptarme como soy.

De hecho, recuerdo que de joven (y me da pena aceptarlo) yo era el que hacía bullying. Pensaba que así me tendrían que respetar más… y pues qué creen. No se metían conmigo, ni con mis amigas, pero no por respeto sino porque nos tenían miedo. Y eso, ojo, también aparta.

Eso sí, la gordofobia es un fenómeno que afecta a hombres y mujeres por igual. “La obesidad se suele asociar a la falta de sexualidad, a la falta de control y al fracaso, generalizando con ello, aspectos negativos que olvidan lo bueno de los demás”, explica Mariana Villafuerte, psicoterapeuta, en entrevista para Reporte Indigo.

Agrega:

“En el caso de la comunidad homosexual, ellos tienen sus propias formas de reconocerse, incluyendo la que parte de la idea en la que el cuerpo es uno de los elementos centrales dentro de la construcción de la identidad”.

¿Quién dijo que para ser homosexual se debe ser exitoso, verse bien y tener buen estatus socioeconómico?  La heteronormatividad, el machismo introyectado, la misma sociedad. ¿Y por qué no acabar con esas ideas? No es fácil, pero se puede intentar. ¿O no?

Bueno, y no está de más que uno, que está pasado de peso, coma saludable, vaya al gimnasio o lleve una dieta adecuada, y no por los demás, sino por uno mismo, por salud. Aunque, si a ti te gusta como luces, qué más da lo que los demás  digan. Quiérete tal y como eres.

Si da, mueres

A finales de la década de los 70, un huésped silencioso comenzó a destruir miles de vidas, principalmente de hombres que tenían sexo con otros hombres. A principios de los 80, ese virus adquirió nombre: Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

De pronto, ese virus comenzó a propagarse en todo el mundo.  En México, el virus llegó a principios de la década de los 80, y como en otros casos, atacó principalmente  a hombres homosexuales. “Es un castigo divino”, decían los conservadores.

Por mucho tiempo fue así. Hasta que hombres y mujeres valientes pusieron todo su esfuerzo para desmitificar el VIH/Sida y así enfrentar el estigma de ser portador.

En su momento, los portadores vivían poco tiempo. Actualmente, aquellos que siguen las instrucciones médicas, pueden tener una vida plena. Quizás no siempre estarán felices, pero al menos podrán respirar.

Muchos prefieren callar que son portadores. Otros más, los más consientes y valientes, salen del closet y se asumen como portadores. Y sí, puede ser difícil asumirlo; por ello, la escritura también puede ser una forma de terapia que permite liberar todo ese sentimiento, ya sea de culpa   o de odio.

Si aún no eres portado, cuídate. El VIH mata, discapacita, enloquece, paraliza. Y no se trata de decir ‘no tengas relaciones sexuales’. Ten las que quieras, pero siempre con condón. Práctica el sexo seguro. Hazlo por ti.

Si da, mueres

Ayer me dejé llevar,

nos dejamos llevar sin ningún temor.

Sin amor.

Hoy me hallo tendido en ese lugar,

un lugar blando y cómodo.

¡Qué cómodo!

Mi cara está empapada de lluvia.

Lágrimas de todos mis seres queridos

Mi madre no llora mi muerte,

ella llora que mi castigo llegó a su fin.

Mi cuerpo, mi cuerpo está todo picoteado,

todo mi cuerpo está analizado.

Fue analizado y picoteado por esos gusanos

que no comen carne contaminada,

que no bebe sangre infectada.

No, esos gusanos no ayudan,

exprimen y acaban con todo.

Acabaron con mi vida en lugar de salvarme.

Esos gusanos que dijeron que solo fue la enfermedad.

Pero no fue cierto.

Mi alma vaga,

divaga por todas las calles que recorrí y viví.

Ve rostros, tristeza, llanto.

Ve el rostro de mi madre marcado por la vida,

ve los ojos de mi padre, esos ojos que no cerraron

de noche ni de día, solo para darnos todo lo que pedíamos

y que yo desaproveché.

Se oye unas risas,

risas de personas que en vida me denigraron.

“No se acerquen a él, los contagiará”, decía.

¡Qué ignorantes!

Hoy descanso, sí.

Pero nadie sabe qué tanto sufrí.

Rechazo, insultos, golpes.

Quizás, así sí gane un lugar en el cielo

después de todo, ya pagué

lo que muchos describieron como una vida

de excesos y depravaciones.

De escribir para gritar y olvidar

Con dedicatoria aquellos que nos inspiran y motivan

Para muchos el “Papá, Mamá, soy gay” es difícil de pronunciar. Para otros, el proceso de dejar el clóset (o armario, como quieran llamarlo) fue fácil. Esto dependerá de varios factores, como el tipo de familia, creencias, contexto socio económico.

En mi caso fue distinto. Pese a que siempre mantuve una relación muy abierta con mi madre y hermana, con quienes vivo, nunca tuve el valor de decirles como tal “Soy gay”. No, fue hasta cuando viví un cuadro de depresión que por fin decidí decirles el por qué de ese padecimiento mental, el cual traté a tiempo.

Además del apoyo profesional, el escribir mi ayudó mucho. Escribir cualquier cosa, desde poemas, intentos de cuentos, notas, ensayos. Mi tesis, la cual se trataría sobre la discriminación a integrantes de la comunidad LGBT en la Ciudad de México. Esto, como una forma de catarsis y de apoyo.

A partir de ahí, descubrí que es cierto eso que dicen: escribir nos ayuda a expresar sentimientos (ya sea tristeza o dolor, felicidad o entusiasmo), también para quejarnos de algo o de alguien y realizar llamados de atención.  Nos permite crear una hermandad entre personas que se identifican con nuestros texto.

Escribir nos permite alzar la voz y creer en nosotros mismo.  A veces, hay quienes creen más en ti, que tú mismo.

En mi caso, mi compañero de proyecto (*guiño*) Oscar Elizalde, quien a cada rato me motiva para seguir escribiendo. “Espero con ansias tu siguiente entrada”, me dijo hace unos días.

Pero hay veces que te bloqueas. No sabes ni de qué escribir, pese a que te dan línea. Y cuando tienes el tema, no sabes cómo empezarlo. Para ello, lee. Camina. Reencuéntrate. Inspirarse está permitido.

Un libro que recuerdo con gusto es el de Calva y Brillante como la Luna, de Laura Athié. Es ahí donde ella, una sobreviviente del Lupus, cuenta sus miedos, sus pesares y cómo enfrentó su enfermedad a través de la escritura, y aún sigue escribiendo y vaya que lo hace muy bien. ¡Laura es toda inspiración!

Ante este cuadro, Oscar y yo, David (puedes encontrarme mis textos –periodísticos- como David S. Celin) diseñamos Expresiones LGBT+, un medio para que ustedes, miembros de la comunidad LGBTTTIQAH, se expresen. Para que encuentren en ella a personas que estén pasando por su misma situación y se apoyen.

Nuestro apoyo será a través de talleres en donde, a través de este proceso de escritura, lograremos que ustedes se encuentren consigo mismos y que expresen todo aquello que los detiene o lastima. Crearemos textos en donde el lector se sienta identificado y pueda también incorporarse a este proyecto.

Una fácil receta para liberarte: Escribe

5507229

Necesitas:

  • Una hoja de papel
  • Un lápiz o pluma
  • Tus recuerdos

Procedimiento:

  1. Siente y contempla lo que tienes enfrente. Recuerda. ¿Qué te detiene para no conseguir tus metas? ¿Hay algo que no te permite avanzar? ¿Qué te impide ser feliz?  ¿Algún miedo o rencor?
  2. Toma el lápiz. Comienza escribiendo quién eres. No escribirás una novela extensa, este escrito solo será tu canal de expresión. Tampoco necesitas de pulcritud estilístico. Es más, todo lo que escribas puede ser privado.
  3. Tú serás tu propio terapeuta. Ahondarás en tus propias emociones que a veces te paraliza. Esa hora en blanco, que ahora tiene frente a ti, puede ser el mecanismo perfecto para encontrarte a ti mismo y liberarte. Deja que tus pensamientos fluyan.

Aporte:

Escribir te aporta ciertos beneficios, que quizás poco sabías, entre ellas el reducir el estrés que te provocan esos sentimientos; así como liberarte de mucha energía negativa al desahogarnos de aquello que se pudo haber acumulado a través del tiempo.

Podrás tener autocontrol, ya que permite poner nuestros pensamientos en orden y a aclarar nuestra mente, con ello se podrá recapacitar mejor las decisiones.

Refuerza no solo nuestra autoestima, sino también calma nuestra ansiedad y refuerza nuestro sistema inmunológico, al aportar felicidad y tranquilidad.

Nos permite sobrellevar mejor las pérdidas de seres queridos, materiales, sentimentales (tales como relaciones rotas y otros sinsabores de la vida). Puedes pedirle perdón a alguien que ya no está o incluso a ti mismo, por las razones que consideres pertinentes.

Tips para un mejor resultado:

  • Puedes practicarlo a diario, lleva una pequeña agenda en el bolso, para que, en el momento que quieras, te pongas a escribir todo aquello que te preocupa o te duela.
  • Si no sabes cómo comenzar a escribir, lo puedes hacer en forma de carta o escribir la historia de alguien más. Hazla en tercera persona si aún no te sientes cómodo.
  • Escribe lo que quieras, pero hazlo. Libérate. Deja que todo fluya y que nada te detenga más.

El Vampiro de la Colonia Roma, más allá de una novela… el artilugio de la grabadora

Para muchos, la novela de Luis Zapata, El vampiro de la colonia Roma (1979), es un texto clásico de la literatura gay mexicana. Para otros, es una obra valiosa, no por nada ganó el premio nacional de novela Grijalbo, uno de los más representativos de la época.

Para muchos, la novela de Luis Zapata, El vampiro de la colonia Roma (1979), es un texto clásico de la literatura gay mexicana. Para otros, es una obra valiosa, no por nada ganó el premio nacional de novela Grijalbo, uno de los más representativos de la época.
Sin embargo, más allá de ser una simple novela gay. Es una representación de la comunidad LGBTTTI, a través de Adonis García, un joven guapo, quizás un poco cínico, que gusta del sexo y hace de él su fuente de trabajo; es custodio fiel de la esquina de Niza y Reforma, donde espera cada noche a que llegue su primer cliente.
Decidí hablar sobre este libro por dos técnicas que usa Luis Zapata en esta obra, el llamado oralidad ficticia (a través del uso de una supuesta grabadora) y la ausencia de signos de ortografía.
Además, de que esta obra fue publicada en un momento clave, de una “apertura narrativa” hacia nuevas zonas de interés, en gran parte debida a los cambios operados en la sociedad mexicana. Los años setenta fueron un periodo de reconocimiento de nuevas formas de vida que posibilitó la aparición de la identidad gay en México.
 

Los artilugios 

En la literatura hay diversas técnicas para contar (o de narrar) una historia, ya sea como a través de cartas, un manuscrito hallado, el relato escuchado de otros. O, en el caso de El vampiro de la colonia Roma, vemos el uso de la grabadora, donde Adonis cuenta sus aventuras en la calle, en los hoteles y en las casas a donde lo llevan, reflehando lo duro que es la vida.
A través de esta técnica, también llamada oralidad ficticia, Anodis García aparenta narrar su historia, su vida, al lector:

“¡Puta madre!  ¿contarte mi vida?  y ¿para qué?  ¿a quién le puede interesar?  Además yo tengo muy mala memoria; estoy seguro de que se me olvidaría un chingo de detalles importantes…”.

Para muchos críticos, este libro  es el más revolucionario del siglo XX, tanto por su temática como por su estructura de largo monólogo, en donde se desvela el placer de vivir y habitar la ciudad de México.
No es el primero que utiliza esta técnica, ahí vemos el cuento de Rubem Fonseca, Pierrot de la caverna, en donde el protagonista graba los acontecimiento de su vida, a sabiendas de que nunca podrá escribir sobre ellos.
Es precisamente esta técnica utilizada por Zapata, que se basa en un hipotético reportaje registrado en una grabadora, en que en un intento por recrear la voz del narrador, la novela carece de signos de puntuación e infringe reglas gramaticales y ortográficas.
La ausencia de signos de ortografía se compensa con espacios en blanco, algunos cortos y otros largos; además, no es un lenguaje refinado, está escrito como aquel sujeto lo hubiera dicho.
Santiago Gorgas, en “La influencia de la grabadora en la literatura”, nos refiere que este tipo de técnica permite al personaje hablar con la  grabadora sin la influencia del lenguaje escrito, además de que <<el diálogo con la máquina le proporciona la posibilidad de racionalizar los acontecimientos y aliviar su conciencia>>.
<<La grabadora le brinda la posibilidad de una continuidad. No hay necesidad de alejarse de la realidad para describirla. Un cuestionamiento claro a la figura del intelectual frente al hombre de acción. La vida apremia y no otorga concesiones. La escritura puede postergarse. Lejos de los cuestionamientos morales…>>, dice Gorgas. 

El vampiro, más allá de un homosexual

E vampiro de Colonia Roma
El vampiro de la Colonia Roma hace alusión al libro de Anne Rice, Entrevista con el Vampiro (1976); pues así como Rice rompe con los estereotipos de los no-muertos, Luis Zapata hace lo propio con las etiquetas de los homosexuales.
Ya no es el típico afeminado sino es un hombre como cualquier otro, con enfermedades, sueños, presiones, amor; el cual relata su vida por los círculos de su memoria, como escribiría Guillermo Fadanelli, “dentro de las atmósferas de la Ciudad de México, donde el destierro de la belleza se impone como una forma esencial de la misma belleza”.
Leer este libro es como mirar desde ese café del Sanborns, el del Ángel o el de Aguascalientes que visitaba Anodis en busca de placer, el transcurrir del mundo desde la distancia, sin importar lo que acontece frente a nuestros ojos, nadie lo verá de la misma manera.
Quizá sea una lectura irreverente, algunos más la llamarían obscena, pero es la autobiografía de un chico que se ha dedicado a la prostitución y que ha pasado la vida inmerso en el sexo y viviendo de él: “Discúlpeme, pero si vendiera cera, la tendría hasta en los zapatos, y si vendiera comida, tendría las manos llenas de mole.” (Sánchez Alberto, Sueños de piel caliente, p. 15.)
El vampiro de la colonia Roma es un libro criticado, también censurado, pero, al fin y al cabo, es una obra que abre camino a una corriente que muestra a la comunidad homosexual como es, ya no es un mundo denigrante, ahora es una cultura.

Una escena, un recurso para atrapar a tu lector

He ahí un sencillo ejemplo de una escena narrativa: recrear en el lector una persona o una acción. Se trata de un recurso que emplean los escritores para atraer al lector sin aburrir, para invitarlo a asistir a los hechos que se presentan.

Ahí estaba Oscar, sentado sin saber qué escribir. Su escritorio, lleno de libros y papeles rayados, era un altar al desorden. Él mismo era todo un caos: zapatos azules, pantalón marrón y camisa café, complementaba con su cabello revuelto y lentes de fondo de botella. 
He ahí un sencillo ejemplo de una escena narrativa: recrear en el lector una persona o una acción. Se trata de un recurso que emplean los escritores para atraer al lector sin aburrir, para invitarlo a asistir a los hechos que se presentan.
Esta técnica no es exclusiva de la literatura, también lo emplean periodistas o todo aquel que está haciendo una investigación cualitativa, que incluye entrevistas o historias de vida. Es una invitación a la lectura.
Veamos ahora un fragmento del texto “Costureras: Rebeldía salvadora”, de Marcela Turati, publicado en el semanario Proceso una semana después del sismo del 19 de septiembre:
“El piso picoteado de lo que fue un edificio céntrico de cuatro pisos en la calle Simón Bolívar 168 –donde convivían costureras mexicanas e indocumentadas, y empresarios coreanos y judíos– concentra la tensión que se vivió la semana pasada en las zonas siniestradas: El forcejeo entre civiles y militares por el control, la guerra de vencidas entre un gobierno desacreditado y desconfiado, y un nuevo ciudadano movilizado a través de redes sociales. Pero la historia no inició ahí. Empezó cuando a la señora Marcela Guadalupe Arredondo, esposa del conserje de ese edificio que albergaba tres empresas, se la tragó la tierra”.
Vemos como una escena nos permite mostar algo que de otra manera no se podría. Además, a decir del periodista Alberto Salcedo Ramos, esta técnica nos permite añadir veracidad y verosimilitud a nuestro relato.
Pero esta herramienta debe tener ritmo, pues la lentitud y los adornos son acciones que ahuyenta al lector.
Recuerda que una escena es una parte de la composición que tiene sentido por sí misma y está integrada por una unidad de tiempo, lugar y acción. Si al evitar la escena y ser directo, el texto gana fuerza es porque el recurso es innecesario.
¿Cómo construir una? Pensa muy bien lo que quieres contar, selecciona cada uno de sus componentes para que no rivalicen entre sí. La función de una escena permite perfilar a una persona, crear suspenso, revelar un gran secreto, transmitir o describir una sociedad, un momento en concreto.
¿Ser o no ser? Toda escena debe tener un conflicto, por pequeño que sea. Dilemas o problemas que brindan a la narración interés y ritmo. En el ejemplo de Oscar, el problema está en el hecho de que no sabe qué escribir; en el caso de Marcela, se trata de los conflictos tras el sismo del 19-S.
Un punto muy importante es saber si una escena tiene sentido o no dentro del global. Para ello, en cada escena planteémonos: ¿Es realmente necesaria? Si la eliminamos, ¿la historia tiene sentido? ¿Qué aporta? Responder a esas preguntas nos ayudará a que nuestro texto gane o no ritmo.
Y pues no esperes más, ¡a escribir tus escenas! Si no puedes, te invitamos a nuestros talleres, así podrás comenzar la historia que tienes en la cabeza o #LaMalditaTesis que tanto te atormenta.

¿Cómo echar a perder una fantástica historia? Descúbrelo…

Qué no hacer cuando escribimos para medios digitales, aquí un ejemplo.

Hace unos días buscaba un texto sobre el sismo del 19-S y me encontré con uno muy llamativo, acerca de una rescatadora de perros que resultó afectada por el temblor. Pero no solo fue el tema el que me atrapó, sino cómo está estructurado.  Sí, párrafos enormes, título poco atractivo, casi 15 cuartillas de texto, errores ortográficos…  en fin, todo un ejemplo de lo que no se debe hacer cuando se piensa en publicaciones digitales.  

En una entrada anterior (¿Cómo escribir en medios digitales?) les comentaba de unos consejos para hacer atractiva una entrada, en esta ocasión lo plantearemos con un ejemplo disponible en la red.  

Para empezar, al escribir en la web es necesario un título que atrape al lector. En este caso, se llama “Yo pensé que esa noche podíamos morir: Mariam”.  ¿Quién es Mariam?, ¿cuál noche?, ¿quiénes iban a morir?, ¿por qué? No es claro, pues el texto habla sobre Mariam y Jair, su historia como rescatadores de perros y lo que padecen tras el sismo. El titulo no nos dice nada de eso 

Otra clave que dimos es: las ideas deben ser claras y atractivas, y más si es el comienzo del texto. En este ejemplo, inicia: “El terremoto como bendición, no como maleficio, no sabes a qué sabe el mamey hasta que lo pruebas”. ¿Qué?  

Y continúa: 

“El diecinueve de septiembre cambió completamente nuestra realidad. Ahora vivimos con un miedo que quizá antes no era tan latente, pero ahí estaba; el temor de que el piso nos trague en cualquier momento. El evento que nos marcó a todos fue la sacudida con epicentro en Morelos de 7.1 escala de Richter que dejó sin casa a decenas de familias mexicanas de la Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y Chiapas. Los damnificados han tenido que acomodarse con amigos, vecinos, familiares o en el peor de los casos en albergues provisionales. Otros ya no pueden contar su historia, murieron aplastados durante el temblor… (faltan cerca de 10 líneas)” 

Hay que recordar que para el lector de pantalla, como se le suele llamar a los que leer en dispositivos electrónicos, ya no invierten mucho tiempo en los textos. Por eso, hay que ofrecer lo más con lo menos. Para eso, hay que utilizar párrafos cortos, máximo 6 líneas… ¡no 20! 

No se debe olvidar al lector, que se sienta identificado con lo que está leyendo. Aquí, una buena forma de incluirlo es con preguntas. ¿Tú cómo viviste el sismo del 19 de septiembre?, podría ser un buen inicio e incluyente. No metas frases hechas, eso no es nada atractivo.  

oftheDeja de ser reiterativo. Eso no va en publicaciones digitales. No pongas en el mismo párrafo más de 2 veces una misma palabra, aunque sea el tema central. Busca sinónimos o trata que todo quede en una sola. Recuerda, en un párrafo va una sola idea.

Una buena forma de comenzar a escribir es fijándote en el estilo de los demás, pero respetando el propio. En este caso, el mismo autor (amigo de un amigo) señaló que quería que se texto se pareciera a los que se publican en Vice, y vaya que no se parecen en nada.  

Una recomendación que le di, sí tuve que darle una revisión antes de ser publicado, es que lo dividiera en varias entregas. Así, el lector leería completo el texto, y para que así fuera se tenía que crear expectativas e intriga. Pero el director editorial decidió que no, que se fuera en uno. ¡Qué error!   

Para no repetir esos errores, hay que leer mucho: revistas, portales de noticias, medios de entretenimiento, blogs… etcétera. Recuerda: Si al lector le interesa desde los primeros párrafos terminará todo el texto, pero si no le gusta se irá. Y precisamente eso sucedió conmigo, al tercer párrafo ya estaba exhausto y lo dejé. 

Sigue atento a nuestra página, te estaremos dando consejos y herramientas que mejores en tu redacción, sin importar que sea un trabajo académico, literario o laboral.