Un texto para expresar deseos de liberación

Para algunos de nosotros, escribir es un ejercicio de liberación: llenos de emociones y sentimientos, buscamos contar aquello que nos pasa. Sin embargo, no siempre es fácil decirle a cualquier persona lo que llevamos dentro, menos cuando se trata de temas álgidos y llenos de prejuicios como el de la identidad sexual.

Para animarte a plasmar tus propias vivencias es que te comparto el siguiente texto de mi autoría. No voy a detenerme en explicaciones sobre su contenido ya que creo que tú debes interpretarlo. Solo indicaré que es el tema, el de la diversidad sexual, lo que nos permitirá a todos crear una comunidad en la que comprendemos aquellos momentos difíciles que pasamos.

Y si en algún momento llego a despertar una luz de emoción dentro de ti, estaré satisfecho, ya que habremos vinculado nuestras existencias al menos por un momento; habremos fortalecido uno de los vínculos que nos hacen humanos.

Salir de la nada

Autor: O. Elizalde

Luego de nacer y crecer, de mirarte al espejo y anhelar comprender quién puedes ser, sobreviene la tarea de reconocer ante los demás lo que eres capaz de hacer.

No basta con que dentro de ti aceptes la multicolorida sustancia de la que estás formado.

No es suficiente con darle rienda suelta a los deseos desbocados que te provoca mirar un cuerpo indebido.

No te alcanza con habitar las sombras de la vergüenza que han sido cultivadas con normativas arcaicas; ideas caducas de lo que debes hacer como hombre o mujer.

 

No basta porque siempre buscarás compartir tu esencia, tu identidad, todo lo que para ti es real. Y eso no tiene nada de malo, no por nada sigues siendo un humano que aspira a ser mejor, que ayuda a su prójimo y que incluso puede creer en Dios.

Solo eres nada, no existe semilla que crezca en el vacío del aislamiento humano. Y no lo digo yo, ni tu padre o hermano; lo dicen las interminables noches de insomnio en las que lanzas gritos apagados, deseando expulsar todo los sentimientos encontrados. Lo dicen los eternos días de miradas furtivas que claman por pronunciar mil palabras… empero… callas.

No hablas.

 

 

No brota de tu alma otra cosa que pena y dolor.

 

 

Te aferras a las cadenas que la sociedad te ordenó.

 

 

Te enjaulas en una costra de prejuicios y críticas infundadas que terminan por dejarte más solo que nada.

¿Dónde será posible descansar de esta tortura? ¿En qué paisaje exótico lograrás beber las aguas de la comprensión? Luego de que dentro de ti ya no hay más, no queda otra que salir. Tienes que sujetar cada tramo de valentía que has venido construyendo en este tiempo. Escúdate en la confianza que baja del cielo y te habla: ve seguro y no temas la nueva andanza.

¿Lograrás tu cometido pronto?

No lo creo.

De hecho es más fácil que mueras en el intento. Pero ¿qué es la muerte comparada con las cacofonías inaudibles que siempre lanzas? Nada. Así como nada eres. Es entonces la nada origen y final de tu encrucijada. De la misma historia que te niegas a dar por terminada.

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